Reducción por reserva de capitalización

En muchas operaciones de compraventa de empresas, el principal punto de fricción no se encuentra, en ocasiones, ni en el precio ni en la estructura financiera de la transacción. Tampoco suele ser determinante la falta de interés del mercado o la ausencia de potencial del negocio. En la práctica, son determinadas cláusulas contractuales las que acaban condicionando de forma decisiva la viabilidad del proceso.

Con frecuencia, el verdadero obstáculo aparece mucho antes, en cláusulas incluidas en documentos firmados años atrás, cuando una eventual operación de M&A ni siquiera formaba parte del horizonte de la compañía y no se consideraba entonces que dichas cláusulas pudieran llegar a convertirse en un factor de riesgo.

Pactos de socios, contratos clave o condiciones retributivas “aleatorias” que en su momento respondieron a una necesidad concreta pueden convertirse, con el paso del tiempo, en un elemento de bloqueo, retraso o, al menos, en un factor relevante de pérdida de valor cuando surge una oportunidad de venta o de entrada de un inversor.

Cláusulas preexistentes en pactos y estatutos que ya no reflejan la realidad de la compañía

Uno de los problemas más habituales en los procesos de M&A es la existencia de pactos de socios diseñados para una fase inicial del proyecto que, con el tiempo, quedan totalmente desfasados. Se trata de documentos pensados para estructuras accionarias simples, con pocos socios y objetivos alineados, que no han evolucionado al mismo ritmo que el negocio.

En este contexto, derechos de arrastre o acompañamiento mal calibrados, mayorías de bloqueo excesivas o vetos que en su día tenían sentido pueden dificultar o impedir directamente una operación. La falta de adaptación de estos mecanismos a la realidad de la sociedad genera tensiones internas entre socios y transmite inseguridad al potencial comprador o inversor.

Algo similar ocurre con las restricciones estatutarias a la transmisibilidad de participaciones o acciones. Aunque su finalidad suele ser legítima, cuando no se revisan periódicamente pueden convertirse en un freno innecesario, alargando plazos, introduciendo incertidumbre o debilitando la posición negociadora del vendedor.

Contratos clave y cláusulas de cambio de control

Otro foco habitual de conflicto aparece durante la revisión de contratos estratégicos. Acuerdos con clientes relevantes, proveedores esenciales, entidades financieras o socios tecnológicos incluyen, en muchos casos, cláusulas de cambio de control que pasan inadvertidas hasta fases avanzadas del proceso.

Estas cláusulas pueden exigir consentimientos previos, habilitar la resolución anticipada del contrato o permitir una renegociación de condiciones. Cuando el contrato afectado resulta crítico para la continuidad del negocio, la operación queda condicionada a la voluntad de terceros ajenos a la transacción, con el consiguiente impacto en el calendario y en el valor percibido de la compañía.

Cláusulas que en una fase concreta del proyecto pueden no preocupar al empresario pueden convertirse en un problema real cuando se plantea la venta de la compañía o la entrada mayoritaria de un tercero. Aunque es muy complicado conseguir eliminarlas de contratos de índole financiera, resulta clave prestar atención a su inclusión en contratos con terceros, especialmente con clientes o proveedores estratégicos. Al menos, debe intentarse sustituir posiciones que permitan la resolución o renegociación por cláusulas de mera comunicación sin consentimiento expreso.

Mecanismos de precio y conflictos post-closing

Incluso cuando la operación consigue avanzar, determinados elementos contractuales pueden generar conflictos en una fase posterior. Es el caso de los mecanismos de precio variable o earn-outs que no han sido definidos con la suficiente precisión.

La ausencia de métricas objetivas, de reglas claras sobre la gestión del negocio durante el periodo de devengo o de procedimientos eficaces de resolución de discrepancias suele traducirse en conflictos entre comprador y vendedor tras el cierre de la operación. En lugar de facilitar el acuerdo, estos mecanismos acaban erosionando la relación entre las partes y generando un riesgo jurídico innecesario.

Condiciones retributivas variables mal estructuradas y contingencias laborales

Otro elemento que con frecuencia pasa desapercibido hasta fases avanzadas del proceso es la existencia de sistemas de retribución variable mal estructurados, especialmente en compañías de menor tamaño o con estructuras poco profesionalizadas.

No es extraño encontrar políticas de bonus sin parámetros objetivos, decididas de forma discrecional y reiterada en el tiempo. Este tipo de prácticas, aunque habituales en el día a día de la empresa, generan riesgos significativos cuando se analizan en el contexto de una operación de M&A.

El problema no reside únicamente en la falta de alineación entre incentivo y rendimiento real, sino en el precedente que estas decisiones generan. La reiteración de determinados pagos puede acabar configurando derechos adquiridos, incrementando de forma relevante la contingencia laboral asociada a la operación.

En la práctica, esta incertidumbre se traduce en ajustes de precio, exigencias de garantías específicas o en un mayor riesgo percibido por el comprador, convirtiéndose en un factor de fricción relevante en la negociación.

El problema no son las cláusulas, sino el momento

El denominador común de todas estas situaciones no es tanto la existencia de determinadas cláusulas, sino el momento en que se detectan. En demasiadas ocasiones, estos aspectos se analizan cuando ya existe una oferta vinculante o una carta de intenciones firmada, con plazos ajustados y una clara asimetría negociadora.

En ese contexto, el margen de maniobra es reducido y las soluciones suelen traducirse en concesiones económicas, ajustes de precio o en la asunción de riesgos evitables con una revisión previa.

Preparar una empresa para una operación de M&A no debería comenzar cuando aparece un comprador interesado. La anticipación jurídica y estratégica permite identificar y corregir a tiempo aquellos elementos que pueden bloquear o encarecer una transacción futura, protegiendo el valor de la compañía y facilitando procesos de inversión o desinversión en mejores condiciones.

La revisión periódica y la adaptación de estructuras societarias y contractuales no solo mitigan riesgos, sino que sitúan a la empresa en una posición más sólida ante cualquier proceso de M&A.

Si alguna de estas situaciones te resulta familiar, una revisión jurídica preventiva puede marcar la diferencia. En Devesa acompañamos a empresas y grupos en el análisis y actualización de sus estructuras societarias y contractuales para anticipar riesgos y facilitar operaciones de M&A en condiciones óptimas.

¿Necesita asesoramiento? Acceda a nuestra área relacionada con las cláusulas preexistentes que pueden condicionar una operación de M&A:

M&A y Capital Riesgo

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