El compliance en el fútbol: Sebastián Crespo analiza los riesgos en El Confilegal
El compliance en el fútbol atraviesa hoy una etapa de transformación profunda. Una década después del mayor escándalo de corrupción en la historia del deporte profesional, las organizaciones futbolísticas han construido estructuras de cumplimiento normativo más sofisticadas, pero siguen mostrando vulnerabilidades que el riesgo penal sabe aprovechar. Sebastián Crespo Baeza, socio del área procesal de Devesa, analiza este fenómeno en el Confilegal, aportando una perspectiva técnica sobre los avances logrados y las grietas que persisten.
El compliance en el fútbol antes y después del FIFA Gate
En el año 2015, una investigación conjunta del FBI y el Departamento de Justicia de Estados Unidos sacó a la luz un entramado de sobornos y acuerdos ilícitos en la adjudicación de derechos de transmisión que afectaba a altos funcionarios de la FIFA. Lo que se conocería mundialmente como el FIFA Gate no fue un caso aislado, sino la expresión de un problema estructural: la ausencia de controles efectivos que permitía prácticas de corrupción a gran escala dentro de la principal institución del fútbol mundial.
Como explica Crespo Baeza, «el caso evidenció que sin modelos eficaces de prevención, supervisión y control, la organización puede convertirse en vehículo de cohechos, blanqueo, fraude y corrupción en los negocios». El fallo estructural principal radicó en una gobernanza con amplias zonas de opacidad, sin contrapesos internos reales, sin trazabilidad suficiente y con un control financiero claramente insuficiente sobre terceros.
A partir de este escándalo, los reguladores tomaron conciencia de que el problema no era puntual. En España, el ordenamiento jurídico reforzó la responsabilidad penal de las personas jurídicas mediante el artículo 31 bis del Código Penal, consolidando la necesidad de implantar modelos de prevención penal efectivos. LaLiga comenzó a exigir sistemas estructurados de compliance en el fútbol, control financiero – el fair play – y protocolos de integridad. Regular el deporte profesional dejó de ser una recomendación para convertirse en una exigencia.
El compliance en el fútbol hoy: avances reales, pero con grietas visibles
Una década después del FIFA Gate, el fútbol profesional presenta un panorama considerablemente más regulado. Los clubes cuentan con modelos de prevención penal, canales de denuncia, sistemas de integridad y estructuras de cumplimiento cada vez más elaboradas. Sin embargo, como advierte Crespo Baeza, «no cabe hablar de un compliance plenamente eficaz en el deporte, sino de una eficacia desigual«.
El problema central no es la ausencia de normas, sino la brecha entre la norma y su aplicación práctica. Muchos clubes disponen de documentos de compliance que, en realidad, no se traducen en procedimientos vivos dentro de la organización. Un modelo estático, diseñado por una consultora y archivado sin actualización ni seguimiento, no cumple con las exigencias del artículo 31 bis. Y la jurisprudencia del Tribunal Supremo – en particular las STS 154/2016 y 221/2016 – es clara al respecto: la responsabilidad penal de la persona jurídica se vincula al defecto estructural de supervisión y a la ausencia de una auténtica cultura de cumplimiento.
Este matiz es determinante. El Tribunal Supremo no exige simplemente que exista un programa de compliance en el fútbol, sino que ese programa sea realmente operativo. La diferencia entre tenerlo y aplicarlo puede ser, en términos jurídicos, la diferencia entre la exención de responsabilidad y la condena.
El caso Negreira como test del compliance en el fútbol
Si hay un caso reciente que permite evaluar la solidez de los sistemas de control en el fútbol español, ese es el caso Negreira. Aunque la causa sigue en fase de instrucción, ya permite extraer conclusiones relevantes desde el punto de vista del compliance en el fútbol.
Para Sebastián, el caso «permite identificar una debilidad muy relevante: pagos de larga duración, de importe elevado y con escasa justificación material son, en términos de control interno, indicadores clásicos de fallo en supervisión, validación y trazabilidad». Dicho de otro modo: una práctica de riesgo que se prolonga durante años sin activar ninguna alerta interna evidencia que los mecanismos de control no están funcionando como deberían.
Más allá de su recorrido judicial, el caso Negreira ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda para todo el sector: ¿son capaces los sistemas de compliance en el fútbol actuales de detectar prácticas de riesgo cuando estas se integran de forma discreta en la operativa ordinaria de una entidad? La respuesta, por el momento, no es tranquilizadora.
Ingeniería financiera y sobrerregulación: los otros retos del compliance en el fútbol
El riesgo penal en el fútbol no se limita a casos de corrupción directa. Uno de los fenómenos más relevantes de los últimos años es la sofisticación de la ingeniería financiera, que históricamente va por delante de la regulación. Las estructuras utilizadas para gestionar derechos de imagen, traspasos o contratos de patrocinio han obligado a los reguladores a reformular constantemente sus mecanismos de control, especialmente en materia de fair play financiero, que ha evolucionado desde supervisiones anuales hacia modelos plurianuales más complejos.
A ello se añade otro factor: el impacto de la sobrerregulación en la competitividad del fútbol español. En un entorno globalizado, donde otras jurisdicciones presentan marcos más flexibles o fiscalidades más favorables, un exceso de control puede provocar que el talento -tanto deportivo como directivo- migre hacia mercados con menos restricciones. El equilibrio entre integridad y competitividad es, en este sentido, uno de los grandes retos del modelo regulatorio actual.
El reto: de los controles formales a la cultura real de cumplimiento
El debate ya no gira únicamente en torno a cuántos controles hay que implementar. El reto pendiente, como señala Crespo Baeza, es más profundo: consolidar una cultura real de cumplimiento dentro de las organizaciones deportivas. Porque el compliance en el fútbol no puede ser un mero ejercicio documental. Debe traducirse en decisiones cotidianas, en protocolos que se aplican, en canales de denuncia que se usan y en órganos de supervisión que funcionan con independencia real.
El fútbol profesional llegó tarde al compliance, pero hoy avanza. La clave es que ese avance no se quede en la superficie. Porque, a la luz de lo que demuestran los últimos escándalos, el riesgo no desaparece con la norma: simplemente evoluciona.
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